Declaración
Resumen
«Los seres humanos [nunca] han tenido tanto acceso a la innovación, la creatividad y las oportunidades», afirmó Dickon Mitchell, primer ministro y ministro de Infraestructuras y Desarrollo Físico, Servicios Públicos, Aviación Civil y Transporte, y ministro de Seguridad Nacional, Asuntos Internos, Administración Pública, Información y Gestión de Desastres de Granada, en nombre de la Comunidad del Caribe (CARICOM). «En un rincón del mundo, las aulas están reducidas a escombros. En otro, los laboratorios crean avances en ciencia y tecnología que pueden transformar nuestro futuro», observó. La educación, «el mayor igualador social, económico y creativo que poseemos», que «transforma las circunstancias en posibilidades», no es un camino estrecho hacia el empleo, sino una amplia vía hacia la resiliencia, la innovación y la paz.
«Para mí, la educación fue un puente entre la limitación y la posibilidad», afirmó, señalando que su historia «se refleja en la resiliencia de las familias caribeñas» que se sacrifican por la educación de sus hijos, una historia de personas que han aprendido a adaptarse, innovar y persistir. Por su parte, Granada se ha embarcado en reformas transformadoras para fortalecer su sistema educativo y ampliar las oportunidades para los estudiantes de todos los niveles, entre otras cosas, haciendo que la educación sea más asequible e inclusiva.
Además, a través del Fondo Caribeño para las Habilidades del Futuro, concebido junto con Guyana, Granada es pionera en un modelo de dotación para la educación en el que las contribuciones internacionales se complementan con inversiones locales. «Cuando Granada, Jamaica o Dominica reconstruyen una escuela después de un huracán, no solo estamos reconstruyendo aulas, sino también futuros», afirmó.
En medio de guerras encarnizadas, los niños soportan la carga más pesada: «Cuando una escuela queda reducida a escombros, cuando se silencia a un maestro, cuando una familia se ve obligada a huir por miedo, la educación se convierte en la primera víctima del conflicto». Y cuando se priva a los niños de la educación, «no solo muere la oportunidad, sino la propia esperanza», afirmó, haciendo hincapié en que «un niño privado de aprendizaje hoy se convierte en un adulto privado de dignidad mañana; y una sociedad privada de ciudadanos educados se convierte en una sociedad privada de paz». Ya sea en Palestina, Haití, Sudán o Ucrania, el derecho de los niños a aprender es tan sagrado como el derecho a la vida, afirmó, e instó a la Asamblea a sentarse a la mesa con la convicción compartida de que «ningún aula infantil debe convertirse en campo de batalla» y «ninguna mente joven debe ser víctima colateral de las disputas políticas».
Subrayó que, si todos los niños de los países de bajos ingresos salieran de la escuela con habilidades básicas de lectura, 171 millones de personas podrían salir de la pobreza. Si todas las niñas completaran la escuela secundaria, los matrimonios infantiles se reducirían en dos tercios y las muertes maternas se reducirían casi a la mitad. De hecho, la educación da forma a las economías, las democracias y la propia paz. Hizo un llamamiento para dotar a la próxima generación de la sabiduría para discernir, el valor para cuestionar y la empatía para elegir lo que es correcto. «Protejamos las aulas con la misma intensidad con la que protegemos las fronteras. Valoremos a los profesores tanto como valoramos los tratados. Tratemos la educación no como un privilegio para unos pocos, sino como un derecho para todos».
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