Declaración
Resumen
Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas, afirmó que, aunque el mundo es «más peligroso que nunca [...], es posible un futuro mejor, incluso cuando se avecinan las catástrofes y acechan los peligros». En un intento por lograr la unidad en medio de las luchas de poder mundiales, declaró que «los problemas irresolubles a los que se enfrenta la humanidad no pueden ser resueltos por ninguna nación actuando de forma unilateral». Se necesita un multilateralismo maduro para hacer frente a las amenazas y buscar la coexistencia pacífica. «No podemos rendirnos», afirmó, refiriéndose a las disputas y conflictos de larga data en todo el mundo.
Sobre Gaza y Cisjordania, dijo: «Sin duda, la parte más caliente del infierno está reservada para los autores del genocidio y sus cómplices», y pidió que se pusiera fin a la «tragedia en Palestina». Abogó por la paz en el estrecho de Taiwán y «la participación de Taiwán en los organismos especializados de las Naciones Unidas», y calificó de «absurdo continuo» la ausencia de este país democrático con una población de 23 millones de habitantes.
Del mismo modo, presionó a Estados Unidos para que levantara el «opresivo» embargo a Cuba e insistió en que Washington y Venezuela dejaran de «intensificar» las tensiones en el Caribe y en la «zona de paz» declarada por América Latina. La militarización unilateral no es la forma de acabar con el tráfico de drogas, subrayó, abogando por la cooperación transnacional. En cuanto a Haití, denunció la falta de voluntad política de sus líderes y del Consejo de Seguridad para remediar la situación.
El cambio climático es una cuestión de carácter urgente y existencial, prosiguió, subrayando que «la ciencia no deja lugar a dudas», y, sin embargo, los países poderosos y más influyentes están «incumpliendo sus compromisos iniciales». Recordó el huracán Beryl de categoría 4 de 2024, que devastó su país con pérdidas y daños que ascendieron a un tercio de su producto interior bruto (PIB). Detalló los esfuerzos de reconstrucción con algunos socios regionales e internacionales y pidió un mayor apoyo. Concluyó con mensajes dirigidos a «las metrópolis dominantes de Occidente y Oriente», para afirmar que el pueblo de San Vicente y las Granadinas «no es un apéndice de ninguna otra nación» y que los Estados pequeños desempeñan un papel vital en los asuntos mundiales.
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